Mis primeros años

Mi infancia fue la de un niño feliz de pueblo a pesar de que había nacido en uno que adolecía de servicios públicos para esa época. ¿Cómo vivir una infancia feliz en la calle Chacurí de Sincelejo? Si es que la luz eléctrica provenía de una planta inmensa que abastecía al pueblo en la noche hasta las 10 pm, o que el agua se compraba a los vendedores con galones transportados en burro o que no había servicio de recolección de basuras.

Pero sí, viviendo en una casa amplia esquinera, con un buen patio en donde jugar y tener buenos vecinos, una tienda en frente, la escuela a 60 metros hacía de esos primeros años de infancia muy felices. La época en que mi padre fumigaba la casa con un insecticida denominado Flit y lo rociaba con una bomba manual. La fumigación la hacía en especial en los dormitorios, con el fin de matar los mosquitos que abundaban desde las seis de la tarde.

La bomba de FLIT

La protección se complementaba con un toldo, que era una malla ligera (tejidos de red muy finos) y flexible que permitía el paso del aire y la luz, evitando al mismo tiempo la entrada de mosquitos y otros insectos. Eran rectangulares con una abertura para entrar a la cama y se colgaban del techo sobre las camas usando ganchos.

Toldo mosquitero

Pero lo más importante para completar la felicidad era tener unos padres excepcionales.

Olegario Enrique Salgado Martínez fue mi padre, ¡el mejor el mundo!

En la Parroquia de San Gerónimo de Montería fue bautizado 7 meses después de su nacimiento, que fue en la finca El Contento cerca de Pueblo Nuevo (Córdoba), atendido por una partera.

Mi madre, Hilda Rosa Gutiérrez de la Cruz, ¡la mejor del mundo!

Hilda Rosa nació un 2 de abril de 1930 en Nervití, corregimiento del Guamo (Bolívar). Un pequeño pueblo a la orilla del Río Grande de la Magdalena que nace en el Páramo de las Papas (Huila) y después de una travesía de aproximadamente 1.540 km desemboca en el mar Caribe, pasando antes por Nervití. Desde muy niña fue llevada a estudiar fuera de Nervití después de aprender las primeras letras en el pueblo.

Diploma de Bachiller
Diploma Bachiller de Hilda Rosa

Nació Ramiro Enrique, mi primer hermano; quien sería el consentido de mi mamá y para acabar de rematar fue excelente estudiante y estudió medicina para quedar siendo el doctor de la familia.

Yo nací dos años después, el 1 de agosto de 1953. Nací en la casa de la calle Chacurí. Mi mamá tuvo la ayuda de una partera, antes, durante y después del parto. Afortunadamente fui el preferido de mi padre.

Mi fecha de nacimiento tiene su historia que me ha incomodado siempre, pues oficialmente cumplo años el 11 de agosto, pero según mi mamá Hilda Rosa, yo nací el 1 de agosto. Todo indica que cuando me registraron en la catedral, el padre Prieto frente a la máquina de escribir preguntó “¿día en que nació el niño?” Mi mamá le dijo “el 1 de agosto”, el padre marcó el 1 y se levantó a resolver un asunto fisiológico en el baño, cuando regresó, volvió a preguntar “¿día en que nació el niño?” A lo que mi mamá volvió a responder “el 1 de agosto” y el padre Prieto volvió a teclear el 1 y así, quedó para toda la vida el 11 de agosto de 1953 como fecha de mi onomástico, pero mamá fue quien me parió, así que yo siempre lo festejo el 1 de agosto.

Mi hija mayor, Marcela Carolina, recién graduada se le venció la visa USA. La Universidad Pontificia Javeriana de Bogotá le había otorgado el título de Comunicación Social con énfasis en periodismo. Había hecho sus prácticas empresariales para optar el pregrado en el noticiero de RCN televisión. A las 4 de la madrugada comenzaba su jornada en la sala de redacción internacional revisando noticias y seleccionando las más importantes. Fueron prácticas exitosas. Al graduarse estuvo convencida que la iban a llamar para trabajar, pero no sucedió así. Aparecieron unas probabilidades infundadas diría yo, para trabajar en Miami por un contacto de un compañero de la U que se había ido a tierras del norte. Pero su visa USA se había vencido y aprovechando que estaba en Bogotá hizo los trámites y durante la entrevista en la ventanilla siniestra, el gringo le preguntó “fecha de nacimiento de tu padre” y Marcela Carolina respondió ipso facto “1 de agosto del 53”. El gringo le dijo “cuando se sepa la fecha de nacimiento de su padre, regrese”. Ipso facto, Marcela Carolina, me llamó y llorando me comentó su tragedia. “Marce recuerda que en mi cédula aparece es 11 de agosto”, le respondí. Tuvo la gran suerte de volver hacer la fila, explicar y el gringo aceptar la explicación de la Comunicadora con una advertencia al otorgarle la visa “tienes la edad precisa para ir y quedarte a vivir allá, como eso suceda, voy y te busco para que te deporten”. Y dicho y hecho, hoy es ciudadana norteamericana.

Mi hermana Maria Cecilia nació dos años después de mi, “la niña” terminó siendo la consentida de mi papá y mi mamá.

Llegué al mundo en 1953, cuando ocurrían sucesos nacionales e internacionales importantes.

En Colombia el hecho más importante fue cuando el militar Gustavo Rojas Pinilla tomó el poder mediante un golpe de Estado el 13 de junio que sacó de la presidencia a Laureano Gómez. Fue como una esperanza de paz en medio de la violencia política. La Violencia, era una guerra interna entre liberales y conservadores que marcó profundamente a las familias colombianas. En muchas regiones había desplazamientos, enfrentamientos rurales y tensión política constante. Sin embargo, durante el gobierno de Rojas Pinilla comenzaron proyectos importantes como construcción de carreteras, expansión de la radio nacional, llegada de la televisión.

Por otro lado, en cuanto a la música tropical se difundió el porro y la cumbia con las orquestas de Pacho Galán y Lucho Bermúdez.

El resto del mundo estaba dividido por la Guerra Fría y se hablaba de la muerte de Joseph Stalin ocurrida el 5 de marzo de 1953 lo cual cambió el rumbo de la Unión Soviética, mientras Dwight D. Eisenhower asumió la presidencia de Estados Unidos. Afortunadamente terminó la Guerra de Corea con el armisticio firmado en julio de 1953. Colombia fue el único país de Latinoamérica que envió unidades de combate a Corea respondiendo de manera positiva al llamado del Comando de las Naciones Unidas (UNC): el Batallón Colombia de Infantería y tres fragatas de la armada, la Almirante Padilla, la Capitán Tono y la Almirante Bryon, sumando casi 5000 hombres, los cuales llegaron a Busan el 15 de junio de 1951. Sus batallas más memorables incluyen Hill 400 de Gimhwa, la batalla de Old Baldy y la Operación Nomada.

James Watson y Francis Crick anunciaron el descubrimiento de la estructura del ADN, uno de los hallazgos científicos más importantes del siglo XX. El planeta intentaba reorganizarse después de las guerras.

El Sincelejo de 1953 tenía alma de pueblo grande, con un ritmo lento, muy marcado por las costumbres sabaneras, la ganadería, las fiestas en corraleja y la vida sana de barrio en donde todo el mundo se conocía. Para esa época Sincelejo aún pertenecía al departamento de Bolívar, porque el departamento de Sucre apenas sería creado en 1966. Las calles eran destapadas y en invierno el barro era protagonista. Nuestra casa en alquiler era amplia y con un patio grande con un árbol de níspero entre otro frutales. Teníamos a Ney, un perro pastor alemán que nos cuidaba.

En las tardes jugábamos con los vecinos en la polvorienta calle Chacurí, que era nuestro universo. Las viviendas eran muy pegadas unas de otras. Al atardecer, aparecía Juan Carlos, el panadero, empujando su carreta, y su presencia quedaba anunciada mucho antes de verlo: primero por el golpeteo de la tapa metálica del depósito de panes y luego llegaba el aroma de los panes recién horneados. Entre los más allegados vecinos recuerdo a Emiro José Arrázola, Guillermo Domínguez, Rafael Vergara.

La casa de Emiro José Arrázola era vecina a la nuestra y colindaban patio con patio con una puerta falsa para el intercambio de favores de vecinos. Los Arrázola Ospina tenían un perro basto muy bravo que el señor Emiro lo paseaba solo en las madrugadas. Ese perro basto se mantenía amarrado en el patio con una cuerda emparapetada. Cuando nosotros íbamos a jugar a la casa vecina con la puerta falsa entreabierta preguntábamos para asegurarnos:

  • ¿El perro está amarrado?

Un día me dijeron que, sí estaba amarrado, pero el animal feroz ladró como siempre lo hacía y esta vez partió la cuerda emparapetada y se me lanzó a morderme y yo hui pasando la puerta falsa como un rayo, pero el perro basto me alcanzó en la mitad de mi patio y me mordió por la espalda y yo corría dando gritos y el perro no me soltaba hasta que la muchacha del servicio le echó un baldado de agua fría y los vecinos vinieron por su perro basto. Además de la curación fui vacunado contra el mal de rabia, enfermedad zoonótica que pudiera transmitirme el perro basto con su mordedura.

Era usual hacer mandados a pie a la tienda que quedaba diagonal y había que ver la alegría al finalizar la compra cuando uno pedía la ñapa que era un pequeño obsequio que regalaba el tendero por la compra que usualmente podía ser un pan pequeño redondo que le decíamos “María Bonita” o si no una badea, una fruta como especie de una granadilla; y ya un poquito más grandes íbamos a una cuadra de distancia a la tienda del señor Juan Bustos a comprar una pony malta y buche e pavo: ajonjolí tostado recubierto de dulce de colores.

Presentación del Buche e pavo

Bañarse era una odisea pues era con agua fría guardada en recipientes ya que no había acueducto. En esa época escolar primaria se sufrió mucho con el servicio público del agua en Sincelejo (Sucre). Primero comprando agua proveniente del pozo de Majagual transportada en burro en unos barriles de madera

Pozo de Majagual
Venta de agua en burro

Mejor dicho, sincelejano de antaño que se respete ha consumido agua del pozo de Majagual. Era el acueducto de Sincelejo. En la medida que su agua se agotaba y las familias crecían, se comenzaron a construir aljibes superficiales en los patios de las casas los cuales almacenaban el agua lluvia recogida. Comenzó a terminar el comercio del agua en burro. Hubo casas en donde hicieron pozos profundos para extraer agua subterránea de forma natural, sin necesidad de bombearla. Estos pozos artesianos no fueron comunes, pero sí se hicieron para comercializar el preciado líquido del acuífero cautivo de agua.

Esa agua estancada y en depósitos encima de la superficie eran difíciles de lavar, comenzaron a generar un verdín, una capa verde de musgos que se formaba en los tanques de cemento.

Tomar esa agua de esos aljibes llenos de verdín nos hizo ganar el remoquete de que el sincelejano era barriga vedde. A pesar de que al finalizar la década de 1950 se comenzó la construcción de un acueducto con la bola del acueducto, el racionamiento del servicio era cruel y los aljibes seguían vigentes.

Un tiempo después, en las contadas horas que se prestaba el servicio, muchas veces, llegaba el chorro del agua con poca presión que hacía que el líquido que salía por la ducha perdiera su vigor y al menor descuido tratando de alcanzarlo terminaba uno casi pegado a la pared. Desde entonces ya no éramos barriga vedde si no nariz raspá.

Mi familia paterna estaba compuesta de mis abuelos, Manuel José Salgado García y María Josefa Martínez Díaz, y 8 tíos: Carmen Teresa, Digna Josefa, Manuel José, Joaquín Octavio, Daniel Octavio, Elvia Felicia. Walberto Antonio y Nelson Manuel. Muchos primos.

Y mi familia materna estaba compuesta por mis abuelos, Rafael Gustavo Gutiérrez Buelvas y Sixta María de la Cruz Sierra, y 9 tíos: Rufino, Pedro Justo, Sixta María, Alcyra Cecilia, Rafael Antonio, Osías, Dolcey Julio, Magola y José del Carmen. Muchos primos. En mis primero años vivieron con nosotros los tíos Alcyra Cecilia, Rafael Antonio, Dolcey Julio y José del Carmen, y también mi primo Orlando.

Los primeros años escolares, fueron en el establecimiento educativo del colegio Nuestra Señora de las Mercedes. La primaria la cursé en el Instituto Sabanas, una institución educativa muy reconocida en Sincelejo, de propiedad de Eulogio Barón Cárdenas quien, además, dictaba clases de aritmética.

El colegio quedaba en la calle Chacurí de Sincelejo y quedaba a 60 metros de la casa nuestra. Al lado del colegio había una casa vecina de techo de palma amarga, usada debido a su durabilidad, impermeabilidad y aislamiento del calor. Era una casa fresca para el clima caliente del pueblo y había sido construida con técnicas tradicionales, Allí habitaba Manolo Mattos y familia. Era un español-argentino y se casó con la antioqueña Chavela Zuluaga. Su verdadero nombre era Manolo Vicente Mattos y tenía un almacén de miscelánea en la calle Real, Almacén Iberia, después del Hotel Palacé. Esta casa de palma se incendió al caer una tarde de finales de la década del 50, nosotros vivíamos en una casa de palma también, que quedaba en la cuchilla entre Angilberto Vergara y las Hernandez. Las llamas subieron rápido por el techo de palma mientras los vecinos corrían con baldes de agua intentando salvar algo entre el humo y el calor. En aquella Sincelejo de calles polvorientas y casas de bahareque, un incendio podía convertirse en tragedia en cuestión de minutos. Recuerdo que nos hicieron evacuar de nuestra casa a la cual le echaron agua en el techo de palmas amargas, para protegernos de un candelazo. La noticia corrió por el barrio como un viento caliente: se estaba quemando la casa de Manolo Mattos. Nuestro refugio fue en la tienda de Juan Bustos que quedaba al fondo de uno de los ramales de la cuchilla que se estrellaba con la calle de los perros. El fuego iluminó la noche cerca del Instituto Sabanas y durante días el olor a palma quemada quedó flotando en la calle Chacurí.

Casa esquinera en alquiler. Al fondo a la izquierda quedaba la tienda de Juan Bustos

El incendio de la casa de Manolo Mattos le hizo recordar a nuestros padres cuando en el centro de Sincelejo hubo un gran incendio ocurrido en 1912 que transformó la arquitectura de la ciudad y llevó a reemplazar muchas construcciones de palma por ladrillo.

Después del bautizo católico y en edad de ir a misa, iba con mis padres a misa todos los domingos a la iglesia central San Francisco de Asís ubicada en el parque Santander, en el centro de la ciudad de Sincelejo. Predicaba el padre Prieto. La preparación para la toma de la primera comunión fue con el padre Villanueva.

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