“Vea usted qué vainas, venirse a dar la coincidencia de dos cumpleaños el mismo día” se quejaba Mabel Surella en vez de alegrarse, pensaba yo.
“Es que era mejor uno hoy y otro mañana y así disfrutamos más”, terminé de acuerdo con ella después de haberme disgustado justificarlo.
El primer festejo de cumpleaños era a las 4 pm en el municipio de Puerto Colombia a 13 kilómetros de Barranquilla, el segundo festejo era a las 8 pm de ese mismo sábado 15 de febrero de 2020, como éste era con vestimenta carnavalera habíamos mandado a estampar unas camisetas con motivos de las carnestolendas. Rosemary Vega, Jiro Reyes, Carlos y Lina Fuentes y nosotros conformaríamos la comparsa para el cumpleaños de Belinda Navarro. Antes de asistir al primer festejo donde las hermanas Becerra Martínez, Mabel Surella me pidió que la acompañara para comprarse un accesorio carnavalero que enriqueciera el disfraz. Después de vestirnos con los atuendos carnavaleros nos tomamos el respectivo autorretrato.


Enseguida partimos al primer festejo previa autorización de llegar con pinta carnavalera. Llegamos pasadas las 5 de la tarde y encontramos una fiesta muy familiar y amenizada con una papayera del municipio de Soplaviento, Bolívar.
Allá no quise tomar licor por lo del viaje de regreso teniendo en cuenta la ley que endureció las penas y sanciones por conducir bajo los efectos del alcohol. Ley que consideré oportuna por mi historia de haber manejado en estado de embriaguez y comencé a respetarla desde su aprobación y aplicación. Sin embargo, ante tanta insistencia y mi debilidad, acepté tomarme una cerveza alemana a sabiendas de que la multa arrancaba en 1 millón 768 mil pesos para el grado de alcoholemia de 2 cervezas y como el estado de ebriedad se define cuando el nivel de alcohol en la sangre es igual o superior a 0,8 gramos por mil, entonces pensé “bueno me tomé solo una”.
Casi a las 8 de la noche salimos del festejo en Puerto Colombia rumbo a la casa a dejar el automotor para poder ir tranquilos a la KZ de Belinda 1ra porque allá en ocasiones anteriores siempre me había tomado los wiskis con mi compadre Remberto Navarro. Al llegar a la casa me dije “bueno, no he comprado la botella de wiski entonces voy y no tomo y me declaro conductor elegido”. Decidí llevar la camioneta Captiva y llamé a mis amigos Carlos y Lina Fuentes para recogerlos y llegar juntos a la fiesta. Llegamos a la KZ de Belinda 1ra que paradójicamente funcionaba en el parqueadero de una clínica. La KZ de Belinda 1ra estaba atiborrada de invitados con indumentaria propia de las carnestolendas y prendida en entusiasmo, amenizada por el picó Mundy Stereo “El cariñoso”.
Se presentó un espectáculo de baile de polleras y luego unas letanías.
Al filo de la medianoche Belinda se sorprendió que nuestra mesa estaba pelada y preguntó que por qué no estábamos tomando, no soportó el rigor de nuestra abstención y nos puso una pequeña botella de wiski que la quisimos ignorar, pero terminamos Carlos y yo tomándonos 4 pequeños tragos secos de wiski. Pasaron las picadas y dos funciones de hora loca en donde la anfitriona cantó el porro Fiesta en corraleja.
Después del consomé decidimos regresar a casa.
- Vámonos que ya van a abrir la clínica – le dije a Carlos y Lina Fuentes, siendo las 2:30 de la madrugada del domingo 16 de febrero.
Mabel Surella impedida de manejar por caducidad de su licencia de conducir entonces desafié la orden que el presidente de la República le había dado al Ministro de Transporte y a la Policía Nacional para que aplicara con cero tolerancias la multa de 28 millones de pesos por el grado de alcoholemia de 1 cerveza y 4 tragos de wiski que había ingerido y además, la pérdida de la licencia mínimo por un año. Sin estar en estado de embriaguez emprendí el regreso a casa junto con Mabel Surella, Carlos y Lina Fuentes desde la carrera 53 con calle 60.
- Debo tomar una vía con recovecos para evitar un retén – dije.
- Fresco dale por toda la 53 hasta la calle 76 y por ahí buscar la avenida Olaya Herrera para que nos dejes en la casa – dijo Carlos.
- Listo – le dije empezando el recorrido en una solitaria carrera 53 ya preparada con vallas y casetas de lado y lado para el desfile de carnaval de los niños.
Al llegar al semáforo de la carrera 53 con calle 75 su señal luminosa se mostraba en rojo. Estando en espera en el carril central me doy cuenta de un retén ambulante de policía motorizado requisando a un vehículo inmediatamente después de pasar el semáforo.
- Ñerda, un retén de policía – dije.
- No importa, sigue derecho – respondió Carlos.
Yo hice caso omiso a la sugerencia de Carlos y cuando la luz del semáforo se puso en verde, di un giro sorpresivo a la derecha para buscar la carrera 54 y por ahí dirigirnos a buscar más adelante la calle 76.
- Jaime, para el vehículo, que los policías vienen detrás indicando que te detengas – me dijo Carlos.
Frente al restaurante chino Jardines de Confucio de la carrera 54 me detuve y se practicó la requisa. Después de constatar que los papeles estaban en regla, el policía astuto, viéndonos encamisetados de carnaval, me metió conversación y me dijo
- ¿Vienen de la Batalla de Flores de Santo Tomás?.
- No, de una reunión aquí cerca – respondí con tranquilidad.
- ¿Usted ingirió licor? – a lo cual yo respondí con extrañeza “no señor”,
- Pero se le siente un aliento a licor – me dijo y enseguida me sentenció “si no ha tomado licor entonces ¿estaría dispuesto a hacerse una prueba de alcoholemia?”.
- Por supuesto – le respondí con mucho valor.
- Bueno vamos al CAI cercano de Villa Country para practicársela allá.
Cuando llegamos al CAI me detuve y al bajarme de la camioneta me sorprendí de que había 3 motos, cada una con 2 policías.
- Me parece increíble que este operativo amerite tanto agente del orden – les dije.
- Ya hemos llamado a los agentes del tránsito para que practiquen la prueba – me dijo el policía.
- Ah, pero ustedes no son policías del tránsito.
- No señor
- Entonces porqué después de pedir papeles se van a poner a exigir pruebas de alcoholemia.
- Ya llamamos al tránsito y están por los lados de La Troja de la carrera 44 y en 10 minutos vienen.
Pasaron más de 10 minutos y nada que llegaban. Lina me dijo montada en la camioneta “aquí tengo unas pastillas masticables de Milpax con sabor a menta, toma una y mastícala rápido”.
- Hasta qué horas será esta espera porque tengo un fuerte dolor de cabeza entonces yo me iré en taxi – dijo Mabel Surella.
- Bueno ya esta situación está tediosa para ambas partes, por favor sópleme aquí – me dijo el policía colocando mi licencia junto a la tarjeta de propiedad del vehículo, muy cerca de su nariz para hacer un simulacro de prueba de alcoholemia.
Mas duro – me dijo en tres intentos que hice.
- Bueno, parece que se ha tomado un trago, muy poco, pero se siente un tufito, entonces sigan pero que maneje otra persona – la pastilla antiácida Milpax había surtido efecto tanto para evitarme la agriera que me ocasionó el susto como para mejorarme el aliento.
- Lina por favor maneja tu – le dije en tono victorioso y Lina en 3 segundos sin acordarse de su artritis estaba al volante y nosotros en otros 5 estábamos encaramados en la camioneta casi sin despedirnos de los tombos.
Haber tenido esta experiencia con Mabel Surella y amigos entrañables fue reconfortante por el apoyo recibido. Hoy pienso que, como interpretador de señales que soy, no interpreté la señal de que debíamos ir en taxi para evitar lo que sucedió. Fueron 3 errores cometidos.







