JAIME RAFAEL

Cuando llegó al vecindario, el barrio conservaba montes de rastrojos, arroyos invernales y pajonales. En las tardes se escuchaban las algarabías de las guacharacas, y todavía se podía cazar conejos. Recuerdo su arribo: ojos espantados, corazón abierto y alma de abrazos. Desde el primer día, vino a unirse a la barriada, a organizar verbenas y…