El mote de queso de Monte Carmelo

Como un ingrediente más de la faena de la tarde de corralejas del domingo 18 de marzo 2018 en el marco de las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Candelaria en Arjona, población del norte de Bolívar con 243 años de historia, era la cuarta tarde de toros y después el remate de corralejas lo haríamos con un buen mote de queso en la finca Monte Carmelo de Daniel Vargas, un remanso de paz como el más santo de los montes, como aquel monte reconocido por la aparición de la virgen. La tarde estaba apagada porque había llovido y el cielo estaba encapotado disminuyéndole alegría, pero con la salida del primer astado, los primeros tres lamparazos de wisky y la grata compañía del amigo Ramón Duque y la aparición de Marta La Arjonera, hicieron que se compusiera el rato, sin dejar de pensar en el remate con el mote del monte.

Marta La Arjonera

Caída la tarde y dos litros de wisky, decidí recorrer el palco por donde deleitaban las bandas de músicos con sus porros y fandangos. Banda 20 de diciembre de Cotorra y la reina de reinas, Super Banda La Original de Manguelito.

Con el director de la Súper Banda la Original de Manguelito

Después de comprar sendos CD, ansiosos nos fuimos a Monte Carmelo a degustar el mote de queso.

Llegamos y como un verdadero remate nos sentamos cómodamente en el quiosco y continuamos hablando y tomando mas wiski.

Y el mote de queso no llegaba

Y el mote no llegaba. El mote no llegó. Cuando regresamos a casa, quise convencer a Ramón para seguir la tertulia y me dijo “que tertulia ni que jopo, vamos a dormir y más ná”. A las tres y media de la madrugada me desperté con un frio intenso al pecho y un fuerte dolor estomacal que me llevó directo al inodoro. Cuando pasaron los retorcijones pensaba que, últimamente no toleraba los lácteos y el queso me cae mal, entonces me dije “epa, el mote de queso me cayó mal”. Lagunas de los diabéticos…

Al día siguiente dio chance para desayunar en Fritomar.

Y antes de regresar a Barranquilla fuimos a almorzar al Club Naval.

En respuesta a mi escrito, mi amigo y anfitrión de las fiestas de Arjona, Ramón Duque Arrázola me contestó con el siguiente escrito:

MOTE DE QUESO.

Había contraído una deuda con Jaime Rafael cuando escuchando porros lo invité a corralejas en Arjona.

El grupo de birriosos folclóricos trató de organizar un fandango vital para Pentecostés, tarde de toros y remate en la finca Monte Carmelo con papayera y sancocho trifásico. Pero como nunca falta “la flatulencia detrás del músico”, todos enfermaron, quedando, como los árboles que mueren de pie, Daniel Vargas y yo.

Me comuniqué con Jaime Rafael quien me respondió con voz disfónica, que me contestaría la invitación después de asistir a unas nueve noches de un pariente en Nervití. “Otro músico con meteorismo” pensé. Quedé en expectativa, presintiendo que las fiestas patronales arjoneras no contarían con mi presencia.

Pero los astros se alinearon y Jaime Rafael desoyó los ruegos de su mujer, “estás con reuma, el sereno te llevará a una neumonía”. Se vino para Cartagena con media botella de Buchanas, la otra media había sido miccionada en el Parque de la Isla de Salamanca. Como conozco su condición de diabético, lo recibí con un almuerzo frugal y agua de linaza.

Y nos encampanamos los tres alegres compadres a las corralejas.

Daniel Francisco, con cara de trasnocho de anestesiólogo ordenó que cada uno llevase sendos vasos con 5 onzas de whisky, los cuales eran escanciados con premura de adolescente.

Plaza llena, ruedo en fangos por lluvia primicia. Bandas de música en desorden sideral interpretando aires sabaneros. Guapirreos, muchachas en flor luciendo novedades. Olor entreverado de sudor y Agua de Florida. Toros mansos, garrocheros desgarbados y manteros tímidos.

Se despidió la tarde con tiros de cohetes. Todos lucíamos apariencia de borrachos. Llegamos a Monte Carmelo. Los luceros equinocciales titilaban azules a lo lejos. Las guacharacas con su algarabía despedían el día. El pavo real en el caballete asustaba con sus alaridos las sombras de la tarde. La brisa fresca de marzo nos traía el olor al mote de queso que rebullía en el fogón de leña.

Y seguíamos libando. La voz se le aclaró a Jaime Rafael, pero la sintaxis se le escabullía. Solicitó la ubicación del baño, pero terminó rociando el toronjil. Andábamos sosteniéndonos en los horcones caminando como palomita pará en bejuco. Jaime Rafael quedó frente al plato de mote como gallina mirando maíz en botella. Dudaba escoger entre el queso o el trozo de ñame. Se zampó dos platos quedando con barriga de perro parado en pilón.

Partimos hacía Cartagena con los primeros cantos de gallo. Encaramándose al carro como pudo me dice “¿Y el mote qué?”.

Varias veces en el camino preguntaba “¿y el mote qué?”. Llegamos a casa orbitando alrededor de la luna. Mi hijo Juan David nos ayudó a ingresar mientras Jaime Rafael preguntaba “¿y el mote qué?”. Le contesté “¡Sí lo has eructado en todo el camino!”.

Subiendo a trompicones las escaleras le dice a mi hijo “dile a Ramón que continuemos hablando jopo en la terraza”. “Jopo de guayabo”, fue mi respuesta.

Dos días después me llamó de Barranquilla para informarme que se convenció que había comido mote de queso cuando aliviaba de retortijones los intestinos y alguien gritó en casa “¡Se pasó de sofrito el mote, échenle más ñame!”.

Así fue como sucedieron los hechos. “En aquellos tiempos…”

Toro bravo
Toro motocicleta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *