HUESERA EN TELEVISIÓN

Cuando se pensaba que el éxito de la canción Ron pa todo el mundo era insuperable, Dolcey Gutiérrez graba en los estudios de Felito Records la canción Huesera en Televisión, una adición al trabajo discográfico Huesera En TV – Arrempújalo “La Tromba Vol. 4”, convirtiéndose en un éxito nacional porque narraba episodios de telenovelas de muy alta sintonía en el momento (Los Cuervos y la mexicana La Fiera) lo cual hizo que se hiciera muy popular y pasó por todos los programas musicales de televisión y así fue contratado en distintas ciudades del interior del país.

La inspiración surge un día que llegaron sus hijas Thanya y Karina del colegio, se bajaron de la buseta que les hacía el trasporte escolar y cuando entraron a la casa lo hicieron con un juego que se chocaban las manos y parafraseaban

“la fiera perdió su bolso para casarse con Victor Alfonso

Victor Alfonso perdió su botella para casarse con la costeña

La costeña perdió su afán pa casarse con don Julián”

A Dolcey le llamó mucho la atención y le gustó, entonces les preguntó

  • ¿Eso que es?
  • Uy papi, esa es la moda en todos los colegios

Le gustó tanto que enseguida dijo, “voy a hacer una canción”. Casualmente había terminado de producir el más reciente Long Play y la matriz (la cinta máster) ya la habían enviado a Medellín para prensar los acetatos. Enseguida comenzó a ensayar en su cuarto de estudio musical creando la melodía, el arreglo y decidiendo grabarlo aprovechando que en los colegios estaba de moda el juego de palabras con los personajes y escenas de las telenovelas.

Con base a las dos sagas de esas telenovelas de moda en el país hizo la composición Huesera en Televisión mamando gallo con el guion y los personajes, comentando la trama de las novelas con jocosidad, pero eran chistes malos, sin gracia, era una huesera realmente.

Siendo casi las 9 de la noche llamó a Armando Galán, hijo del famoso músico soledeño Pacho Galán, para que le hiciera la transcripción del tema que iba a grabar al día siguiente.

  • Dolcey, pero si son las 9 de la noche y tú sabes que yo ando es en una motico FZ 50 Suzuki
  • Si manejas de día por qué no vas a poder manejar de noche, si quieres te vienes en un taxi y yo te lo pago acá – le respondió Dolcey para convencerlo

Llegó en su moto y enseguida con papel en mano comenzó a transcribir musicalmente la inspiración que Dolcey le dictaba con una percusión vocal y el canto a capela. Él se ayudaba con su trompeta para transcribir las notas exactas de la inspiración. Cuando Dolcey le cantó la primera estrofa ayudado de una pequeña batería electrónica haciendo la percusión le dijo

  • Joda Dolcey, que vaina de buena, tú tienes talento, esa vaina puede pegar – y de paso ayudó a perfeccionar el arreglo
  • Mañana a las 8 de la mañana te espero en los estudios de Felito Records para grabar esto – le dijo a Armando Galán.

Al día siguiente cuando Dolcey llega a los estudios le dice don Félix Butrón, el dueño de los estudios de grabación

  • Ajá y eso por qué hoy llegas temprano si ya terminaste de grabar
  • No, porque voy a grabar una canción para meterla en el Long Play
  • ¡Cual canción! Si ya esa matriz se mandó anoche mismo para Medellín – le contestó enojado don Félix
  • Eso mandamos por correo el tema y ya – le contestó Dolcey
  • Bueno si quieres grabarla, grábala, pero tú pagas la remasterización – consistente en adicionar la canción y hacer nuevamente la cinta máster
  • Bueno, yo la pago y me la descuenta de mi sueldo – Dolcey trabajado en los estudios como director musical.

Superado el impase, primero grabó con su pequeña batería electrónica los compases de percusión. Después vino y le puso la guacharaca, posteriormente con una conga que había en el estudio hizo los mismos compases que había hecho con la pequeña batería electrónica, pero como merengue. Así se completó la base para recibir la intervención de los artistas y completar la canción.

Enseguida comenzó la grabación de la parte de la trompeta por parte de Armando Galán y las voz guía de Dolcey.

La canción tenía gracia musical, pues su melodía era muy similar a la de la salsa Acuyuyé de Johnny Pacheco y su charanga. En ese momento de la grabación, se presentó como mandado de Dios el pianista y arreglista Hugo Molinares quien después de conocer lo que se estaba haciendo le dijo, “yo le meto el piano y tranquilo que no te cobro nada”. Estaba tan emocionado con la canción que se ofreció hacerle el bajo. Dolcey le consiguió un bajo que estaba en los estudios de grabación. En el momento que Hugo Molinares estaba grabando el bajo llegó Chelito de Castro y dijo dirigiéndose a Hugo Molinares

  • Eche cuál es la vaina tuya, quitándole trabajo a uno, ¿cuándo has tocado bajo tú?

Él le había reconocido inicialmente a Dolcey que no era bajista, pero que le podía colaborar.

  • Dolcey saca a ese man, yo sí soy bajista y yo lo toco y no importa si no me pagas.

Hugo Molinares le entregó el bajo sonriente, al fin y al cabo, eran buenos amigos. Después que Chelito de Castro le incorpora el sonido del bajo, Dolcey canta con la ayuda de la hoja con la letra de la canción. Después de grabar la voz le tocaba resolver lo del coro. Ya en ese momento Hugo Molinares y Chelito de Castro se habían ido. En ese momento Eduardo Dávila, el ingeniero de sonido, le propone que hagan los coros los dos: Davila la primera voz y Dolcey la segunda. Propuesta arriesgada porque el ingeniero de sonido era compositor, pero no cantante e insistió diciendo que eso era sencillito.

“y este tema yo les diré

Ahora yo les canto con emoción

De huesera yo lo inventé

Lo que pasó en televisión”

Después del coro, Dolcey inicia un canto y lo hace a modo del género rap que no se había popularizado en Colombia hasta ese año 1986. El rap es un género musical y vocal neoyorquino caracterizado por la recitación rítmica de letras sobre un fondo musical. Pedro Vicentine, el viejo, fue quien clasificó el ritmo de la canción como rap, diciéndole además que ese ritmo venía arrasando y que pronto llegaría a catapultarse en Colombia, eso contribuyó a que la canción consiguiera un éxito rápidamente.

Se presentó al estudio Ramiro Beltrán, un hijo de Pedro “Ramayá” Beltrán compositor, flautista y músico, y Gil Altamar que había cantado el éxito La estera.

  • ¿Ustedes no se atreven hacer un coro?
  • Ajá y qué difícil tiene un coro – le contestaron – la música es una sola

Les hizo las explicaciones respectivas y con el papel de la letra en la mano, de una iniciaron la grabación del coro para reemplazar a la de Eduardo Dávila y Dolcey.

Ya en la tarde se presentó nuevamente Hugo Molinares y se le dio por escuchar todo lo que se había armado. Y después de escucharla le dijo

  • Dolcey, vamos a aprovechar que yo tengo aquí a Juventino Ojito – músico consagrado como clarinetista, saxofonista, arreglista, director musical de Son Mokaná
  • Yo te lo acomodo pa meterle el saxofón pa que coja más fuerza la grabación – continuó Hugo

El resultado fue un melodioso saxofón que al final de la canción hace un solo que se escucha muy bien. Y así se completó la grabación de la canción y el trabajo discográfico quedó con un total de 11 canciones.

El señor Feliz Butrón, dueño de la disquera, revisaba los trabajos cuando ya estaban listos. Tenía un radar del gusto musical. Acostumbraba a mover el pie cuando le gustaba la canción.

Cuando escuchó específicamente esa canción se emocionó mucho y movió el pie más de lo acostumbrado que hasta dijo “mandémoslo a Medellín y ni te voy a cobrar Dolcey”.

Ley Martin, locutor radial barranquillero que promociona artistas y sus canciones, no le promocionaba los discos a Felito Records porque no le compensaba monetariamente la musicalización de sus fonogramas. Entonces él mismo llevó la canción a la emisora Olímpica Stereo sin haber salido al mercado el Long Play. Como la canción pegó enseguida, las otras emisoras llamaban a don Félix y él les enviaba el caset con la canción. Cuando Ley Martin mandó por la canción su reacción fue

  • No señor, no se la manden, la tiene que comprar

Y resultó todo un éxito a nivel nacional y lo contrataron tanto o más que con el éxito de Ron pa todo el mundo siendo esta canción con mejor melodía. Tocó más bailes y ganó más plata con la Huesera en Televisión porque llamó mucho la atención en todo el país. Es que la canción Ron pa todo el mundo también fue un gran éxito entre la gente farandulera, pero la Huesera en Televisión llegó a los clubes, a toda la gente de alta y de baja. Comenzó a tener presentaciones todas las semanas casi todos los días.

Cuando el éxito atrajo visitas inesperadas

Y como se sabe que cuando una persona es famosa en la música, los primeritos que quieren contratarlo y tenerlos son los mafiosos, los traquetos. Así que les tocó a bastantes traquetos por esa canción.

Desde Armenia lo visitaron unos emisarios. Pero no le dijeron de parte de quien venían.

  • Hombre lo visitamos para contratarlo, es que el patrón – dice la persona que vino a su casa sin decirle quien es el patrón – le ofreció a la hija un paseo por todo el mundo, adonde quisiera ir, si era Europa, África, para alegrarla por cumplir sus quinche años.
  • La quinceañera le contestó – siguió hablando el interlocutor – no yo no quiero paseo ahora mismo si me quieres regalar un festejo de cumpleaños hermoso entonces contrata al cantante de la Huesera en Televisión.

A todas esas todavía no sabía quién era el patrón, pero cuando el tipo le cuenta todo eso lo calibró y pensó “ese patrón debe ser de alto calibre”.

Proponerle pasear por todo el mundo y la hija le pide esto, lo puso a pensar que por tanto dinero que cobrara iba a ser mínimo comparado con todo lo que le iba a costar el paseo. El tipo tiene que ser un teso, pensó, pero ya él les había tocado a varios tesos, entonces le mandó un viaje grande. Cuando eso Dolcey cobraba dos millones aproximadamente por un baile tocado en caseta.

Que era bastante, porque el Binomio de Oro, por ejemplo, cobraba como trescientos mil.

Tomó la decisión de cobrarle quince millones. Eso era en el año 1986.

  • Bueno, entonces yo voy a hablar con el patrón y le voy a dar las condiciones que hablé con usted y entonces yo le estaré avisando esta misma noche – le dijo el emisario.
  • Ah listo quedo en espera de lo que te diga el patrón – respondió Dolcey ante una situación normal en este tipo de negocios

Al día siguiente todavía no lo habían llamado a pesar de que le dijeron que lo llamaban en la misma noche. Podrían ser más o menos las 12 del mediodía cuando tocan a la puerta de su casa. En ese momento le estaban sirviendo el almuerzo. Su hija Thanya va y atiende el llamado y le preguntan si Dolcey está:

  • Dígale que lo busca Stefan Rodríguezel que estudió con él en el Colegio Biffi

Enseguida Dolcey recordó a su buen compañero de colegio y salió a atender la visita, lo hizo pasar y se sentaron en el sofá de la sala y después del efusivo saludo protocolario, Rodríguez le dijo:

  • Ven, te voy a contar exactamente el motivo por el que vine aquí – y continuó diciendo- Dolcey yo te conozco a ti y sé que tú eres buena gente, cristalino, amigo sincero, yo te estimo a ti y te quiero como un hermano, te quiero con todo. Por eso no dudé en venir a hablar de lo que te voy a hablar.
  • Dolcey yo sé que vinieron a contratarte para Armenia. El tipo te explicó que si hay un arreglo de allá te van a mandar un avión de carga el día anterior del toque para que mandes todos los instrumentos y la amplificación. Y el día del toque en la mañana te van a mandar otro avión particular de pasajeros para llevarte a ti y al conjunto. ¿Pero tú sabes quién es el que te contrata?
  • Yo no, pero me imaginé que tiene que ser un teso – respondió Dolcey –
  • Dolcey, nosotros conocemos a ese señor, ¿sabes quién es? – preguntó Rodríguez y enseguida él mismo se respondió – es Carlos Ledher. Dolcey, van a aprovechar y van a meter un cargamento de drogas en los bafles, en todos los equipos tuyos y yo sé que tú eres cagado, ni te atreves hacer eso. No sé si lo sabes o si esa gente te enteró, por eso te lo digo. Yo no te voy a decir que no vayas, sino que te voy a poner las cosas claras para que las entiendas y tú decidas. Si lo haces no lo haces.
  • Ellos te van a ofrecer – continuó – que cuando termine el toque, el regreso es de la misma manera. En el pequeño avión de carga mandan los instrumentos. Y en el otro avión regresan ustedes. Tú llegas a Barranquilla y al día siguiente se presentan a tu casa unos emisarios que te dicen: “usted tocó ayer en un festejo de un quinceañero en Armenia y nosotros venimos por algo que es de nosotros y está ahí entre tus equipos”. Y te lo van a decir de frente porque te van a ofrecer, ¿sabes cuánto te van a ofrecer? 350 millones.

Es una suma como para quedarse desorbitado, pensó Dolcey, además, con todos esos datos le entró una tembladera porque iba a servir de mula. Aunque era una buena suma de dinero que seducía, pensaba que casi siempre esos negocios se caen porque sapean. “Y si se cae el negocio, ¿sabe quién va a pagar? El principal sindicado sería yo”, pensó Dolcey. Se le vino a la mente el caso de la agrupación musical Banana. “Pero si no se cae el negocio, uno queda hecho, enseguida quedo millonario”, comenzaba a dudar. Pero le dejó la espinita clavada ahí. Entonces comenzó a preguntarle a todo el mundo, a la familia primero y después a los amigos.

Al primero de la familia que le preguntó fue a su hermano, el médico Pedro Justo, y le contó la situación de la contratación

  • Eso es peligroso – no le dijo que debía hacer.

Habló con su hermano José del Carmen, con su cuñado Rafael Bacci, con amigos. Ninguno le recomendaba directamente que decisión tomar, todos lo dejaron con la misma duda. Uno que otro le dijo “lo que pasa Dolcey es que eso es una tentación lo de los 350 millones”.

Al día siguiente de todo esta conversación con Rodríguez le tocaba ir a Nervití, su pueblo natal, para cumplir una cita de negocio a la que no podía fallar. Para esa época, tenía una finca y negocio de ganadería en ese corregimiento del municipio del Guamo (Bolívar). Estaba comprometido con un ganadero amigo de su primo Gustavo Gutiérrez. Era un ganadero de San Jacinto con quien había hecho un negocio y le tenía 150 vacas al partir.

Él podía alquilar el pasto o ir en sociedad. Había preferido la sociedad y en esa cita les tocaba el reparto de las nuevas crías. Encerraron el ganado en el corral, tiraron una moneda al aire para saber quién escogía primero. Al que le tocaba de primero trataba de escoger la mejorcita cría, el hijo de la vaca de los 50 litros de leche.

Dolcey aprovechó el momento y entró más en confianza con el ganadero y le comentó con lujos de detalles la encrucijada en la que se encontraba.

  • Dolcey si fuera yo, con lo miedoso que soy yo con las cosas ilegales y que jamás estaré en la policía o en la cárcel por nada del mundo. Yo no lo haría – sentenció el ganadero.

Antes de hacer el reparto de las crías se fueron a almorzar a la casa en donde estaba su papá Rafael. Allí habló su papá Rafael con el ganadero sobre el negocio ya que los dos eran eruditos ganaderos. En un espacio que dio la amena conversación a Dolcey se le ocurrió comentarle a su papá la historia que lo tenía lleno de incertidumbre.

  • Pamío ven acá aparte un momento que tengo que comentarte una cosita ahí – le pidió permiso al ganadero.

Entonces pasaron del comedor que quedaba afuera y entraron a la casa y se sentaron en la sala y le contó.

  • No sé qué hacer Pamío. ¿Qué me dices tú de eso? – le preguntó Dolcey
  • Me dices que te dan 350 millones.

Dolcey le confirmó la cifra, pero Pamío le respondió:

  • ¿Y tú lo vas a pensar dos veces?

Del que menos esperaba esa respuesta porque siempre pensó que le iba a responder: “¿Cómo se te ocurre”

  • Eso no pasa nada. ¿tú sabes lo feliz que vas a ser cuando recibas eso?

Lo dejó loco su Pamío. Sobre todo, porque él era un tipo correcto y no era capaz de hacer una pilatuna como esa, pero con esa plata de por medio, siendo él negociante, esa vaina la vio de otra manera. Era otro punto de vista, entendía que su hijo era un artista grande que no molestarían y se ganaría su plata.

  • ¡Hágalo, hágalo! – le volvió a decir su padre.

Después de esa conversación alentadora, Dolcey se va con el ganadero para el corral cerca del embalse.

Ahí estaba listo Nelsito, ayudante de ganadería de Pamío, con los hierros para marcar a las crías de cada uno.

Cuando están en eso, Dolcey sale de pronto diciendo:

  • Yo voy a marcar el próximo ternero que me toque.
  • Ah sí – respondió Nelsito sorprendido – Dol, eso es peligroso
  • ¿Peligroso por qué?
  • Se necesita firmeza y si vas con miedo se te desbarajusta ese animal y te jode o lo quemas demasiado, eso tiene que ser chin chin porque si te demoras mucho lo enllagas
  • Yo lo voy a hacer
  • Ah bueno, usted es el dueño, entonces como tú no sabes enlazar yo te lo amarro – le dijo resignado Nelsito.

Nelsito enlazó al ternero y le dio el canto de la cabuya a Dolcey y le dijo

  • Ahora le das una vuelta a la madrina que está en la mitad del corral para que lo asegures. Después lo tumbas y le pones el pie en el pescuezo de tal manera que le quede el cachete libre que es en donde le vas a poner el hierro y se lo pones firme, oíste Dol. No te pongas a temblar porque se corre el hierro y no queda bien la marca.

Pero Dolcey, justo cuando tenía a tiro de cañón el cachete del ternero, comenzó a temblar; al medio quemarlo, se condolió y le dio miedo. Ese animal, al sentir el quemón, se desbarajustó y se zafó del pie que lo aprisionaba; en un palmo de terreno se puso de pie. Se desamarró fácilmente del horcón de guayacán y, como si supiera que Dolcey era su captor, lo atacó y persiguió mientras su agresor huía en estampida. Después de todo, ya no era ningún ternerito.

Sigue corriendo hacia el corral y al llegar se agarra de la vareta más alta, sube el pie izquierdo y cuando quiere subir el derecho el ternero le da su frentazo en el tobillo. La embestida había sido tan grande que enseguida pensó de se lo había partido. El ternero se quedó en su querencia natural y no se movió de donde estaba encaramado Dolcey.

Dolcey sintió mucho dolor, se le inflamó bastante y se puso muy nervioso y dijo que lo llevaran de urgencia a Calamar (Bolívar).

Le dio la orden a Diego, su primo y compadre, para que preparara el jumbo para trasladarse lo más rápido posible. El jumbo era un medio de transporte de pasajeros y carga consistente en una canoa de fibra de vidrio con motor fuera de borda.

Lo embarcaron en el jumbo El Celaje, de propiedad de Dolcey, y se fueron rio abajo directo para Calamar. Eran unos cincuenta kilómetros con un tiempo estimado de viaje de hora y media.

En Calamar había dejado su carro y a Barranquilla manejó su primo Gustavo Gutiérrez. Les tocó recorrer una distancia de un poco más de cien kilómetros con una duración aproximada de hora y media.

Al llegar a Barranquilla lo llevaron a la emergencia de la Clínica los Seguros Sociales de la vía 40 en donde su hermano Pedro Justo era el director. Allí tuvo una atención especial porque era el hermano del director y encima de todo era el artista Dolcey Gutiérrez.

  • Dol aquí tienes el excusa perfecta para no ir a Armenia – le dijo su hermano después de examinarlo y darle una incapacidad de 20 días – porque eso es un peligro.

El toque era 3 días después del accidente con el ternero. Dolcey tenía claro que negarse después de un acercamiento con un patrón era arriesgado. Es que él no le había dicho a sus familiares y amigos, pero por teléfono se sintió forzado a aceptar el trato de ir a tocar. Le habían confirmado por teléfono el trato de los quince millones de pesos.

Fue enyesado de la batata para abajo y mientras estaba acostado en la camilla, con un soporte metálico inclinado elevaron con unas cuerdas y poleas la pierna para que descansara.

Cuando les avisó por teléfono lo del accidente, al día siguiente fue visitado por el emisario. Con el acondicionamiento de la habitación hospitalaria y las indicaciones médicas de su hermano Pedro Justo, recibió la visita y casi llorando y con las morisquetas de dolor respectivas explicó las razones poderosas para no cumplir con lo concertado. Enseguida el emisario pidió un teléfono.

  • Jefe, la cosa es verídica – escuchó atentamente Dolcey – el tipo está mal y quejándose

Epílogo

Con los años comprendí que esta no era solamente la historia de una canción exitosa. Era la historia de una cadena de hechos improbables que comenzaron con un inocente juego de unas niñas y terminaron convirtiendo Huesera en Televisión en un fenómeno nacional. Si uno elimina cualquiera de esos episodios —la inspiración, la llamada de las nueve de la noche, los músicos que fueron llegando uno a uno al estudio, la decisión de rehacer una cinta máster o hasta el frentazo de un ternero en un corral de Nervití— quizá la historia habría sido distinta. Hoy, cuando suenan los primeros compases de Huesera en Televisión, pocos imaginan todo lo que tuvo que ocurrir para que esa canción existiera. Tal vez las grandes historias no se escriben únicamente con talento; también necesitan coincidencias, personas generosas y, de vez en cuando, un milagro disfrazado de accidente. A veces, el destino también decide convertirse en compositor.

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