Dolcey Gutiérrez había llegado a Caracas procedente de Barranquilla para actuar en un espectáculo nocturno.
Al llegar al hotel los periodistas de la farándula lo entrevistaron y entre otras cosas, le preguntaron que, si era hermano de Alfredo Gutiérrez a lo que él respondió “no, no, no, ni lo conozco” marginándose de cualquier relación con Alfredo quien había tenido un incidente en Venezuela 2 años atrás.
Después de las entrevistas, Dolcey se encontraba descansando tranquilo en el hotel cuando recibió una llamada por el teléfono interno de la habitación para informarle que lo buscaba la policía.
En ese instante se le vino el mundo encima y recordó inmediatamente lo que le había ocurrido a Alfredo Gutiérrez en ese mismo país. Durante las Fiestas de la Chinita, en Maracaibo, en 1982, en medio de una presentación en un establecimiento nocturno, interpretó notas del himno nacional de Venezuela con su acordeón como un gesto de afecto popular.
Al día siguiente de su presentación, las autoridades de la Policía Técnica Judicial (PTJ) lo detuvieron en su hotel y no fue tanto por haber tocado el Himno, sino que cuando llegaron y le avisaron que bajara al lobby para atender a la policía que iba a investigar y saber exactamente qué era lo que había pasado y que explicara eso de haber tocado el himno, él respondió que no lo molestaran porque estaba en su descanso y no los podía atender.
Recibe una segunda solicitud y vuelve a contestar que “ya les dije que no. No puedo, estoy durmiendo, respeten”. Entonces la PTJ sin decir más nada, subieron por la escalera hasta llegar al piso donde estaba él. Le tocaron la puerta y cuando abrió la puerta y se dio cuenta que eran los agentes de policía, repitió “yo les dije que no y que estaba descansando” y trató de cerrar la puerta, un policía metió su bota entre la puerta y el marco y lo agarraron siendo sometido a agresiones físicas y encarcelado momentáneamente por haber irrespetado los símbolos patrios.
La llamada con la recepcionista del hotel continuó, quien siguió diciéndole a Dolcey:
- “Aquí están los de la Guardia presidencial, que necesitan hablar con Usted para que los atienda”
Enseguida se transportó al hecho que le pasó a Alfredo Gutiérrez por negarse a atender a la policía.
- “Sí, yo los atiendo con mucho gusto. Dígales que suban”.
- “No, ellos dicen que mejor Usted baje” – le contestó la recepcionista.
- “Ah bueno, con mucho gusto, ya voy para allá”.
Cuando bajó y los saludó, lo invitaron a sentarse en un sofá que estaba en la recepción. Entonces estando allí le dijeron:
- “Maestro venimos por un encargo especial de la Presidencia, del presidente de la República de Venezuela, Jaime Lusinchi”
- “Ah sí, que honor. Y eso como para qué” – preguntó temeroso Dolcey
- “No es por nada malo, el señor presidente lo quiere conocer y lo vamos a llevar”
- “Bueno, listo, vamos, pero me esperan un momento que yo voy a cambiarme y ponerme una ropa adecuada”.
Cuando estuvo listo, lo embarcaron en un elegante automóvil negro y se dirigieron al Palacio presidencial Miraflores. Cuando llegaron al Palacio no tuvo antesala de nada, por donde iba pasando le iban abriendo todas las puertas hasta llegar al despacho del presidente. Cuando abren la puerta, Dolcey entra y automáticamente el presidente Jaime Lusinchi se pone de pie, y sonriente le dice:
- “Maestro, permítame estrechar esos cinco dedos de la mano que toca la canción que después del himno nacional de Venezuela es la más famosa aquí en Venezuela, Ron pa todo el mundo”

Mientras le dio el apretón de mano acompañado de un fuerte abrazo, se sintió el músico más importante de la tierra, se le subió la moral. Fue un acto hermoso y toda esa sensación sintiéndola en un país que no era el de él. Eso lo llenó de mucho orgullo. Después de una pequeña charla y un tinto, porque los Presidentes son muy ocupados, le dijo:
- “Maestro, usted puede irse ya para que siga descansando, pero gracias por haber venido y permitirme la oportunidad de conocer a un grande del país vecino bla bla bla bla bla”
- “Ah, cuando se vaya, ahí abajo están dos guardias que estarán junto a Usted durante su estadía aquí en Venezuela, aquí en Caracas van a estar pendientes y cuidarlo” – terminó diciéndole el presidente
Regresó muy feliz al hotel y con personas encargadas de protegerlo de manera constante. Mientras estaba en el hotel los guardaespaldas estaban en el lobby. Cuando se transportaba, los escoltas iban en otro carro protegiéndolo.
Después de la visita presidencial, el empresario lo llevó a Radio Caracas Televisión (RCTV). Participó en un programa musical en donde le hicieron entrega de su primer disco de oro por parte de la empresa disquera Discorona por motivo de las ventas millonarias del long play en donde estaba a canción Ron pa todo el mundo.
Después lo llevaron a Venevisión el otro canal de Caracas y participó en otro programa, todo para hacer la promoción del baile de la noche que se realizaría en el salón de eventos de la policía.
Se sentía un personaje importante en Venezuela. Corría el año 1985 y disfrutaba del éxito de Ron pa todo el mundo, canción que había salido al mercado en diciembre de 1983.
Pasó el año 1984 convertido en todo un éxito en Colombia. Viajó a todos los pueblos y ciudades del país. Nunca se imaginó que su música gustara y se bailara en los Llanos Orientales. El triunfo musical continuó en el año 1985.
A finales de 1984 un agente de una empresa disquera de Venezuela interesados en negociar con los productores de la canción Ron pa todo el mundo, hablaron con don Félix Butrón, el dueño de Felito Records y le compraron los derechos para manejar el disco en Venezuela. Esto resultó un buen negocio, pues la canción alcanzó en Venezuela un éxito incluso mayor que en Colombia. El resultado fue la generación de giras por todos los estados de Venezuela. Hasta en los límites con el Brasil. Recuerda mucho la presentación en la ciudad Carúpano (Sucre). Se hizo muy famoso en Venezuela.
Fue contratado en junio de 1985, cuando se celebró el Mes del Músico Venezolano, los contratos de agrupaciones musicales que vinieran de afuera para festejar las fiestas que hacen en las casetas, obligan por cada agrupación extranjera para que contraten dos grupos venezolanos.
Las giras eran de 15 a 20 días y hasta de un mes. El empresario Nelson Arias lo llevaba para todos lados de manera exclusiva sin que hubieran firmado un contrato. Fue quien lo llevó la primera vez y lo siguió llevando el resto del tiempo.
En una ocasión hizo una presentación en un estadio en donde él era el artista principal. Fue el plato fuerte siendo que participaban unos grupos de Puerto Rico. Se llevó el orgullo que en Venezuela junto con Rafael Orozco con el Binomio de Oro fueron los dos únicos músicos colombianos que pegaron de verdad en Venezuela. Los dos únicos colombianos que habían logrado llenar estadios con entre 15.000 y 20.000 personas.
Durante el tiempo que permanecía de gira lo perseguían los canales de televisión. Por otro lado, había un periódico, El diario 2001, en donde había una famosa columna de la prensa rosa y el espectáculo venezolano que era escrita bajo el emblemático seudónimo de Chepa Candela con el nombre Las más. Quienes les gustaba la farándula la buscaban para leer las listas de las más pegadas, la más internacional, la más vendida, las más calientes. Pues Ron pa todo el mundo era el primero en cada una de las listas.

En una ocasión lo llevaron a un hotel donde estaban las industrias más grandes de Venezuela. La ciudad de Valencia (Carabobo). Algunos empresarios le llevaron un premio y el representante le dijo “maestro le traemos esta vaina para que usted sepa lo que vale aquí en Venezuela”.
Las alcabalas en Venezuela son equivalentes a los retenes en Colombia. Dolcey normalmente viajó en autobús a Venezuela. Solo dos veces lo hizo en avión, ya que les tiene miedo a esos pajarracos metálicos. En cada carretera hay una y siempre a los autobuses los paraban en esos puntos de control policial y militar y entraban a revisar y tenían buen ojo para detectar colombianitos como despectivamente llamaban a los colombianos. El autobús en donde viajaba Dolcey y su agrupación musical no fue la excepción, pero la diferencia era que el representante salía al paso y decía que esa era la agrupación musical de Dolcey Gutiérrez y que iban a animar la caseta en tal parte. Pero como él no era tan conocido como Dolcey Gutierrez entonces les decía “es el cantante de Ron pa todo el mundo”
- ¡Chico!
- Coño – decía el otro policía
- Chamo dame un caset de Ron pa todo el mundo
Los músicos iban preparados con 50 caset y Long Play que les sirvieron para pasar las alcabalas sin inconvenientes y les ponían el sello a todos los pasaportes enseguida.
Tal vez por eso aquel encuentro con Jaime Lusinchi no fue simplemente la visita de un cantante colombiano al Palacio de Miraflores. Fue, de alguna manera, el reconocimiento oficial de algo que el público venezolano ya había decidido: que la música de Dolcey Gutiérrez también pertenecía a Venezuela. Porque antes de llegar al despacho presidencial había tenido que recorrer carreteras, pasar alcabalas, viajar en autobús y convencer a quienes no lo conocían que él era “el cantante de Ron pa todo el mundo”. Y después de aquello, ya no necesitaba presentación. Bastaba con mencionar el nombre de la canción.


